Sexta-feira, 2 de Abril de 2010

Discursos Sobre a Cidade - 92 - por Fe Alvarez

 

.

 

AQUEL LLANTO!

 

 

Texto de Fe Alvarez

 

 

 

 

 

- Te lo repito, no quiero nada con la religión.

 

- Perdona, pensé que eras creyente.

 

- Y quien dice que no lo soy, quién!? una cosa es la Iglesia y otra Dios.

 

- Bueno, entiendo, no quieres nada con la presentación oficial de la religión. Sus normas, sus ritos etc.

 

- Para que me entiendas, te contaré el momento en el que me sentí perdida, en una situación que me llevó a un caos moral y busqué un apoyo, una mano, que me sacase de aquel mar de dudas, me aliviase el peso que cargaba, por momentos pensé perder la razón, pero... en fin mis pasos tomaron el camino equivocado, el apoyo, el consejo, el bálsamo que me aliviase, no vino de donde lo busqué, solo el tiempo que termina por curarlo todo, me concedió la calma, aunque también hé de decir que en ese momento, en el que vi tambalerase la base de mi mundo, reaccioné y tomé mi camino, acertado o no, no me arrepiento y en ese momento vino también la necesidad de apartarme de la religión establecida, flexible por intereses y férrea con verdades trasnochadas. Tendré que remontarme a mi juventud; si tienes tiempo...

 

- Te escucho.

 

- Todo empezó cuando llegó el momento de que me casasen, lo digo así pues algunas veces pienso que me casé casi por imposición, aquello parecía un decreto ley. No quiero decir con esto que mi marido no me gustase, no, pero fue algo así: "eres una rica herdera y tienes que buscar a alguien con buena posición" casi se me forzó a escojer y allí estaba él con dinero, guapo, buen mozo, con pretensiones a agrandar su hacienda, seguramente aleccionado, como lo fui yo, imaginandose un semi-dios, hijo único, consentido y caprichoso y en realidad y como el tiempo demostró un perfecto gañan. Y por el otro lado, yo, con todas las tonterias que nos aporta estar en la edad del pavo, sin alcanzar las responsabilidades de una vida a dos, tonta e ilusionada, todo me parecía un cuento de principes y princesas que llevaría el fin de: "fueron felices y comieron perdices". Como nos engañan en los cuentos...! ponen el final, cuando en realidad es el principio de una vida muy distinta a la que se llevó, con una niñez entre algodones, una protección extrema y después de esto te lanzan sin piedad, como lanzaban a la arena a los cristianos en la Roma Imperial. Hoy, en la distancia lo analizo y veo la colección de mentiras, errores, casi locuras, en que todos tomaron parte, sin excluirme, pero antes no lo veía, tenía demasaiados pájaros en la cabeza, pero los que ya estaban de vuelta en la vida, por qué seguir representando una comedia? Qué disparate! Menos mal que hoy en día la gente es más consciente, aunque también duran menos los matrimonios, pero si duran a expensas una vida de sacrificios y tener que aguantar como un titanes, aparentando que todo está bien, no lo veo tan mal.

 

Después de los primeros tiempos, en los que no recuerdo ni vagamente la cacareada "Luna de miel" empezó el día a día y en poco tiempo ese día a día fue convirtiéndose en un martirio, llovian los golpes, las malas palabras, los gestos, las faltas de respeto, todo un ramillete de despropósitos, incomprensibles, me sentí engañada, atrapada y perdida, al principio, callé por verguenza, no podía creer el que cuento de hadas se transformara en aquel mundo de terror, siempre como disculpa, había una caida una puerta un tropezón y la conocida disculpa " me caí por las escaleras" cuando los moratones eran múltiples y evidentes, veía las miradas de incredulidad y silencios que gritan, no se oyen con los oidos, se sienten en el corazón, en el plexo solar, todos toleramos y consentimos tamaña ignominia; llegaron los hijos, seguian los malos tratos, cualquier cosa servía como disculpa para golpearme, algunas veces bastaba una mirada un mínimo gesto, que un niño llorase, que la comida no estuviese como él exigía, que una empleada no realizase su trabajo como él imponía, recuerdo un día estando en el séptimo mes de uno de mis embarazos, salí al patio de casa cuando él llegaba, después de una noche de farra, aún hoy no llego a comprender el motivo, no lo había, empezó a golpearme brutalmente, entre improperios, acusaciones y amenazas de muerte, después me arrastró por el pelo hasta el tanque, me metió la cabeza bajo el agua, intentando ahogarme, luché por mi vida y por la de mi hijo, desesperadamente, pero él era más fuerte, una empleada lo sorprendió en su locura e intentó impedir que me matase, lo logró pero consiguió que tembién le tocase a ella parte de su ira, la cabeza me quedó llena de bultos los brazos , las piernas y el tronco denotaban los derrames internos, lo peor era el dolor que me quedó en el fondo del vientre. Dos días después perdí a mi hijo. La vida seguía y mis niños me necesitaban.

 

Y esa era mi vida entre amarguras y golpes, las alegrías venian con los hijos, que aunque crecian en este medio hostil lo hacian como si aquello no fuese con ellos, o al menos lo aparentaban, solo temía que los marcase de por vida; con su aparente ignorancia encontraron una terapia, los pequeños son fuertes, tienen defensas para sus fantasmas y miedos y eran muchas las veces que captaban el ambiente tenso, aunque eran ajenos a la barbarie del padre. Con ellos era por veces indiferente, otras algo cariñoso y aunque pocas veces también eran víctimas de su agresividad. Cuando el progenitor no estaba en casa, jugaban, reian, saltaban como cualquier niño de su edad, llegaba el ogro y los pequeños parecian volverse invisibles. Menos mal que sus ausencias iban aumentando.

 

Después había las amantes, que no se presocupaba en esconder, la humillación, el dolor, al principio pensé, bueno si tiene donde entretenerse me dejará tranquila, craso error, nada cambiaba en casa, todo seguía igual, por momentos peor. Sus frustraciones, sus locuras o sus miedos, siempre, siempre desembocaban en mi. Tenía que aguantar, era lo que me decían, "el matrimonio es para siempre", ten paciencia... son los ardores de la juventud... es una etapa... todo pasará etc. etc. Mentira, todo una cochina mentira. Son tan interminables los días cuando se sufre... y las noches, esas es preferible ni nombrarlas.

 

Hubo una temporada en que vino, para ayudarme con los pequeños, una ahijada, la madre accediera con agrado para así aliviar la mermada economía de su casa, quedó estipulado que yo la vestía la alimentaba y le depositaba un dinero en una cuenta para cuando fuese mayor, la muchacha era muy trabajadora, amable con los niños y ellos la adoraban, todo parecía ir bien, demasiado bien, por eso cuando me dí cuenta que estaba embarazada, ví con claridad lo que había pasado, este era el motivo de disfrutar una etapa de bonanza, por eso mi marido no me pegaba tanto, ante la pequeña quería aparecer como un buen hombre y poco a poco la sedujo. Pensé que el mundo se me desmoronaba, yo que pretendí ayudar aquella familia, la enveredara hacia una situación amarga. En aquellos tiempos, tener un hijo siendo soltera, era casi un delito, una mancha que marcaba de por vida.

 

Pensaba como comunicárselo a sus padres, temía el momento y entonces noté su ausencia no estaban en casa, en mi cabeza se me instaló una alarma, qué representaba aquella escapada! pensé en mil posibilidades, al final de la tarde una llamada telefónica, esclareció el motivo, la había llevado a Porto para abortar y como las cosas estaban mal yo tenía que ir a una zona determinada del Marão donde me esperarian, me llevaría un amigo que tenía que ir a Porto, nunca supe si era verdad o estaban compinchados. Dejé los niñas al cuidado de los empleados y salí rapidamente. La carretera se me hizo eterna, nunca le vi tanta curva. Allí estaban, en realidad no sé lo que le hicieran, estaba en trabajos de parto, mejor dicho el parto era inminente, hice lo que pude, Dios mío! una niña con aquellos problemas, por culpa de la mala cabeza de un hombre loco, egoista y cruel. Después de poco tiempo nació un niño ( ya era de casi 7 meses) mi marido lo arrancó de mis manos, le dije que lo cuidaría como mío, no quiso razonar ni atender a mis ruegos, mi ahijada no decía nada, estaba con los ojos clavados en un punto perdido del techo del coche. En un último esfuerzo intenté recuperar al bebé, él me empujó y en un impulso lo lanzó al vacío. Qué horror! el pequeño lloraba, me puse como loca, lo golpeé con los puños en el pecho, me abofeteó y me metió en el coche, a la fuerza y volvimos, con el momento fatal repitiésdose en mi mente, una y otra vez, sin descanso y aquel llanto, clavado en el cerebro, me oprimía el pecho y me perseguiría por mucho tiempo, tenía remordimientos, me sentía culpable, me llamaba asesina y no podía dormir. Todas las noches oía aquel llanto, me atormentaba; mis terrores nocturnos me hacian pasar noches sin dormir, me imaginaba a la tierna criatura devorada por las alimañas, destrozada en la caida, pero el llanto, EL LLANTO! ese no cesaba.

 

La niña, para prevenir daños mayores, fue enviada a casa de un familiar, lejos de Chaves, no sé si fue consciente de lo que pasó en aquella carretera. Yo adulta, estaba marcada, qué sería de ella? Aquello me decidió a dar un giro a mi atormentada vida. Antes fui a la iglesia, tenía que confesarme, aconsejarme y quitarme parte de aquel peso. Después de un relato desgarrador, entre lágrimas y suspiros, oigo decir al confesor.

 

- Hija mía hiciste lo correcto, obedeciste a tu marido y lo amparaste.

 

- DIOS MÍO!

 

No me lo podía creer. Y la vida y el cuarto mandamiento? No hubo razonamiento posible, ellos siempre pretenden estar em posesión de la verdad absoluta, eres considerado un ser inferior semianalfabeto en el terreno religioso y no puedes entrar en valoraciones, después de esto no recuerdo si me impuso penitencia, tampoco importaba mucho. Escuchar aquello y seguir? NO, la penitencia me la impuse yo misma, seguir oyendo en el silencio de la noche, aquel llanto durante mucho tiempo y con resignación.

 

El asco llegó como un maremoto, no podía con soportar su presencia, por eso me envalentoné y lo expulsé de mi casa, creo que temió mi gesto determinado, le sorprendió mi actitud, ya no le tenía miedo y así lo comprendió, sin palabras y apoyado en su nueva conquista se marchó. Los hijos y yo seguimos nuestro camino, con mil trabajos, pero tranquilos. Que la paz no puede pagarse con dinero.

 

Y aquí fue donde se torció para siempre el camino que me llevaba a la iglesia. Si no recuerdo mal, no fue Jesús que dijo?: Si tu ojo te escandaliza arrancatelo, si tu mano te escandaliza cortatela. Pues yo me arranqué lo que me escandalizó.

 

 

 

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publicado por Fer.Ribeiro às 01:24
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